Una pequeña concesión

¿Qué ocurrirá? ¿Qué traerá el futuro? No lo sé ni intuyo nada. Cuando, desde un punto fijo, una araña se precipita hacia sus consecuencias, ve siempre ante sí un espacio vacío en el que no encuentra lugar donde apoyarse, por más que patalee. A mí me ocurre lo mismo; ante mí hay siempre un espacio vacío; lo que me impulsa hacia delante es una consecuencia que está detrás de mí. Esta vida es absurda y atroz, intolerable.
Soren Kierkegaard

¡Oh Muerte, vieja capitana, ya es la hora! ¡Elevemos el ancla!
Nos hastía esta tierra, ¡Oh Muerte! ¡Aparejemos!
Si los cielos y la mar son negros cual la tinta,
nuestros corazones que tú conoces están llenos de rayos.
¡Viértenos tu veneno para que él nos reconforte!
Queremos, tanto el fuego los cerebros nos quema,
hundirnos en el fondo del abismo, Cielo o Infierno, ¿qué importa?
¡Al fondo de lo desconocido para encontrar algo nuevo!
Charles Baudelaire

Andrés dejó una carta. Yo, que vivo en el desfase, acabo de leerla hace unos minutos. Reitera su convicción y la felicidad que encierra su decisión. Pide que nos abstengamos del egoísmo de llorarlo. No deja la menor duda alrededor de lo que intuíamos desde el primer minuto: que el matarse no fue un acto de tristeza o desesperación, que fue la puesta en práctica -la convicción hecha vida- de una idea largamente acariciada. Andrés argumenta, brillantemente, como corresponde a su peculiar inteligencia y a sus enigmáticos hábitos de lectura, sobre el sentido del suicidio y lo absurdo de la vida. Deja más que claro su razonamiento y hacia el final quise sentirme feliz, igual que él en el momento de llevar a cabo su deseo más grande. Andrés toma cianuro y deja todo en negro. Pide no llorar.

Andrés y yo fuimos amigos por un largo período; tuve la suerte de escuchar de él sus ideas sobre la literatura y la muerte, sobre la magia, sobre la filosofía y sobre el sexo. Pasó una tarde entera tratando de hacerme entender cómo funciona la inyaculación, y nunca lo logró. Terminamos la tarde comiendo papas fritas en un bar de la calle Tamayo, riéndonos de mi incapacidad estúpida para comprender operación tan extraña. Pero para Andrés lo extraño no lo era tanto, y lo normal carecía enteramente de interés. Fue infinitamente bondadoso cada vez que criticó mis textos, que eran muy malos (yo tenía apenas diecinueve o veinte años), y esto, teniendo en cuenta la poca paciencia que tenía él para la mala literatura, quiere decir mucho ahora que lo recuerdo. Él decidió ser mi amigo una mañana en el jardín de la universidad católica, decidió bautizarme como su hija y ponerme un nombre gracioso, “Lamérrica”, decidió compartir conmigo una parte de su extraña sabiduría y cuando hubo agravios involuntarios, fue tan generoso de ofrecerme una disculpa.

Sé que para todos los que no lo conocieron bien Andrés era el excéntrico, el mago, a veces un loco a secas. Pero Andrés era un buen amigo, era un maestro muy generoso y ajeno a la vanidad, era un gran conversador, un excelente actor… era excéntrico y mago y loco, pero llamaba por teléfono cuando uno no aparecía mucho por la universidad para saber si había enfermedad que él pudiera ayudar a curar de por medio, me abrazó largamente cuando mi gata se murió y ese mismo día me hizo un masaje en la cabeza para quitarme la terrible jaqueca que me había causado el llanto, que funcionó a las mil maravillas para mí, pero no para él, que inmediatamente empezó a sufrir de los dolores que acababa de quitarme; disfrutaba de los helados, amaba a Beethoven con toda su alma y lo llamaba familiarmente “Ludwig van”; era detallista y ácido para burlarse de sus odiados burgueses, tenía una postura política y no era ajeno a las discusiones sobre el color y el precio del papel de nuestra amada revista que ahora al menos es huella de una época en la que fuimos furiosamente felices.

Andrés se explica, deja claro que no debemos llorar. Y tiene razón: vamos a la muerte y vivimos para ella. Nadie tiene que respetarlo ni compartir su postura, porque él no pidió respeto ni condescendencia y quiso que quede en evidencia la soberanía de su acto final. Pidió que no lo lloremos. Y, de manera para mí atroz por su sinceridad, en su última carta dice: “En un futuro, debería permitirse que los suicidas no impulsivos, es decir, aquellos que mueren por voluntad y no por depresión, problemas o tristezas, puedan armar el ritual y el teatro y que se pueda ir a ver cómo se suicida esa persona. Sería una forma de arte harto curiosa.” Lo dice al pasar, en medio de dos párrafos terribles y minuciosos en los que describe los elementos de su suicidio… casi al final, a punto de beber su copa, imagina un escenario mejor, que arranque el secreto del acto de muerte voluntaria, fantasea con esa posibilidad, arroja la idea a modo de propuesta. Y luego firma y luego bebe.

Andrés no quiere que lo lloremos. Pasaron años sin que lo viera. Apenas hubo un par de mails en los últimos tiempos. Él nunca dejó de llamarme su hija, Lamérrica. Y de pronto desapareció. Él tiene razón y no debemos llorarlo: no porque nos consuele la posibilidad de encontrarnos con él en el más allá, no porque fantaseemos con la idea de un Andrés flotante y omnipresente que venga a saludarnos eventualmente con algún gesto gracioso, no por ninguna de esas razones. Su razonamiento está exento de empalagamiento y esperanza. Andrés es muy claro.

Y sin embargo, en la vida corta que tengo y que me queda, en el pedazo de mundo que habito y que permito que me soporte, en la maraña estúpida de recuerdos que conforman esta absurda vida mía, Andrés es extrañado y hace falta. Lo lloro porque a pesar de vivir una vida ínfima y terca y ciega, el pequeño hogar que uno va haciéndose en una parte del mundo requiere de habitantes. Hacía mucho que no lo veía (es la violencia estúpida de las cosas), pero Andrés era un habitante de mi hogar: quizás su muerte me ayudó a entender esto. Y ahora tengo que intentar entender, de algún modo, qué significado tiene el desaparecer completamente.

Que viva el perder, mi querido amigo.

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7 Responses to “Una pequeña concesión”


  1. 1 janfiloso abril 15, 2009 en 8:29 pm

    Entré el otro día al blog, e iba a dejar un saludo, pero la lectura del post me acobardó.
    Por un lado estaba tan bien escrito que me impresionó, por otro lado el tema es tan conmocionante que cualquier comentario que dejar sonaría estúpido.
    Ahora, a la distancia, y sin haberlo releído, te dejo un saludo y mas tarde te comento algo sobre LLP.

  2. 2 janfiloso abril 15, 2009 en 9:27 pm

    Tus comentarios en el blog me resultaron de entrada como expertos, pero fundamentalmente poco dogmáticos, lo cual contrastaba claramente sea con el post, sea con los comentaristas habituales que se dicen de izquierda y cuyas posturas son tan dogmáticas que terminan no teniendo diferencia con un facho cualquiera mas allá de lo que se declama.
    Mas me impresionó cuando te declaraste de izquierda porque eso te daba la legitimidad de sostener tu posición y contratacar, cosa en la cual quienes “no somos de izquierda” tenemos vedado frente a los dogmáticos.
    Y cuando finalmente comentaste lo de los preceptos “vetustos” ahi casi te propongo casamiento, (claro, eso me convertiría en bígamo, pero es solo un pequeño detalle) porque es mi tesis habitual : la defensa de un dogma (cualquiera) es la negación del pensamiento, cuando ese dogma tiene además mas de cien años, entonces a mi me da un poco de verguencita, porque siempre me pregunto, ¿che, no se escribe nada sobre el asunto desde hace cien años? ¿nadie aportó nada nuevo?
    En fin, a mi estos debate me sirven igual, porque siendo ajeno al tema me abren la cabeza que es lo que me gusta, lo demás son detalles. Entiendo que a vos, siendo experta en el tema te haya molestado mas el “tono” general del blog, yo por mi parte estoy acostumbrado a las agresiones, sobre todo con las mujeres, ya se señaló en un post reciente de Estrella.
    Te saludo y felicito nuevamente.

  3. 3 Daniela Alcívar Bellolio abril 16, 2009 en 12:47 am

    ¡Hola Janfiloso! Qué bueno que se haya filtrado una persona amable entre tanta hostilidad. Bueno, ante todo gracias por ser tan amable de interesarte por lo que digo y por no tener empacho, como casi todos, de felicitar a una persona si te parece bien lo que dice.
    Y la verdad es que sí, a mí medio me asusta que las cosas suban tanto de tono… uno creería que si escribe decentemente y no agrede a nadia va a recibir la misma moneda, pero no es así, con decirte que me arrepiento de haber intervenido en la discusión de entrada.
    Pero está bueno que a sistemas tan cerrados, o como dices muy bien, “dogmáticos”, alguien oponga un poquito de duda, sobre todo cuando los términos son tan grandilocuentes como los que aparecían en el artículo de Prividera. Y la otra cosa que señalas también es cierta: aunque uno se adhiera a tal o cual teoría, creo que ante todo debe quedar la posibilidad de relectura. Por ejemplo yo creo mucho en la autonomía de la obra de arte, pero a partir de una relectura del formalismo, no desde el formalismo puro y duro (lo cual sería una locura y además muy aburrido), y como no hay nada nuevo bajo el sol, descubro que alguien como Blanchot ya ha hecho un movimiento en ese sentido y trato de plegarme como más me convenga a eso. Pero, viste, todos se vuelven locos si uno habla de teoría o de literatura o incluso de teoría cinematográfica, les parece un insulto a su inteligencia… no entiendo… yo cuando no sé algo lo primero que hago es ir a investigar, no insultar a otro que sí sabe. Bueno, y en general uno tiene tolerancia hasta un punto, ya cuando cualquier idiota te trata gratuitamente con violencia es cuando, por coherencia con mi manera de ver el mundo, prefiero retirarme y no decir más. Por eso no entré más al blog ese ni pienso hacerlo, supongo que por ahí quedaron colgados un par más de insultos hacia mí, pero no me importa, prefiero no conocerlos. No tanto por sentirme una experta (aunque la ignorancia de algunos me puede), sino porque no entiendo a la gente que defiende su insuficiencia con insultos hacia los demás y sin ninguna idea.
    Pero quedó algo bueno y es que hemos entablado una relación (así sea una relación bloguera, jajaja) y podremos discutir en términos más cordiales, pero no por eso menos inteligentes.
    Gracias de nuevo Janfiloso, a estas alturas habrás notado que soy extranjera, y el nuevo cine argentino no es mi área de especialidad (aunque vivo acá desde hace cinco años), pero si te interesa discutir sobre el cine en general o sobre literatura, estaré muy contenta de entablar diálogo. Abrazo.

  4. 4 janfiloso abril 16, 2009 en 1:43 am

    No, no me había dado cuenta que eras extranjera, sin embargo, considero que ello explica en parte los problemas que se vivieron en LLP.
    Por un lado, el blog (en particular LLP) tiene ciertas pautas de funcionamiento que la caracterizan para bien y para mal; basicamente diría que el anonimato libera lo peor de cada uno y se sueltan los frenos inhibitorios que actuarían en otras condiciones. Es una desgracia, pero al mismo tiempo una de las virtudes del blog. La lacra va siendo eliminada por los directores del blog, la semi-lacra es primero ignorada y luego eliminada o abandona su participación. Este sistema provoca, con sus mas y con sus menos, debates fabulosos que requieren el uso de distintas varas según a quienes le respondas; a algunos ni siquiera hay que responderle, y eso no deja de ser una ventaja. Para poder distinguir lo que es distinto, no hay mas remedio que permanecer y aprender a distinguir; en un primer momento todo parece igual.
    Por otro lado, no sé si alcanzan cinco años para entender a un argentino, en particular a un porteño; te sugiero leas alguna letra de Eladia Blazquez una muy buena compositora y letrista de tangos; fijate uno que se llama “cómo somos”. Chantas, machistas, cagones, provocadores y cobardes a la vez, pícaros, mentirosos, buenos, inteligentes, ridículos, y un largo etc.
    En particular, somos excesivos en el lenguaje mas por “faroleros” (mandapartes, exagerados) que por otra cosa. Donde cualquiera que no sea argentino lee un insulto, un argentino lee una invitación a la polémica.
    El blog debe ser leído con un “filtro de oído”, no sé si existe tal cosa pero espero entiendas la figura. Hay tipos muy valiosos a quienes, inexplicablemente, se “les sale la cadena” (metáfora de la bicicleta que indica a quien queda pedalenado en el aire) Lord y Yupi son buenos ejemplos de ello, dos tipos muy valiosos en serio a quienes por cierto no vi en mi vida pero he visto aportes de ellos muy valiosos, pero cada uno tiene su obsesión.
    Bueno, no escribo mas, aunque seguiría con la intención de que vuelvas alguna vez.
    Mis saludos.

  5. 5 janfiloso abril 16, 2009 en 1:48 am

    Bueno, leo tu comment en LLP antes que hubieras leído el mío, esto es (de nuevo para mi) un gran ejemplo de sincronicidad y sinergia; me alegro mucho y te felicito.
    Iba a extender mis alabanzas a Santi, pero no me pareció ponerlo al mismo nivel que a Lord y Yupi. Si vos lo viste antes que yo lo mostrara, ello habla (nuevamente) muy bien de vos.

  6. 6 Daniela Alcívar Bellolio abril 16, 2009 en 2:17 am

    sincronicidad y sinergia… ¡buenísimo!

  7. 7 Gurubani Kkaur Khalsa enero 29, 2012 en 5:56 pm

    Hermoso….busco sobre la profecia de magnalusius es de existencia y veracidad de los unicornios y tu magnalusius andres me lleov hasta aqui
    muy hermosa carta quele has escrito………
    los caminos osn bastos los pies que los recorren todos, pocos………..
    seguro el fue un gran viajero que recorrio infinitos caminos de infinitos multiuniversos……
    si sabes de alguna informaicn que pudiera yudarme os lo agradecere
    luz y fuerza a tu corazon
    sat nam


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