Lo que llamamos nuevo

Hay algo en la palabra “actual” que me resulta siempre sospechoso, y no sin razón. La actualidad como categoría tiende a autorizar una serie de malentendidos y consagrarlos como innovación o como estado natural de las cosas. Ahí están las “Literaturas postautónomas” para probarlo. Entre muchísimas, esa es una primera objeción que podría formular contra la antología “Narrativa actual de Ecuador”, puesta en circulación por la revista “Cultura de Veracruz”: ¿Cómo está concebido el conjunto de autores que forman parte de la muestra? ¿Qué es lo que los agrupa? ¿Qué es, sobre todo, lo que les otorga la característica de narradores actuales?

El criterio parece claro: se trata de escritores jóvenes nacidos en Ecuador. Pero tras la lectura de la recopilación hay una cosa que me quedó clara: si alguien, como yo, ingenuamente, cree que en la noción de actualidad podrían ponerse en juego otras nociones tales como la innovación y la búsqueda estética, está tremendamente equivocado.

A medida que avanzaba en la lectura de esta antología, en busca de una sola línea de literatura, me convencía de que estaba buscando en el lugar equivocado. Los cuentos ahí recopilados oscilan entre la ingenuidad formal, la pretensión infundada y la simple y llana fealdad. Son varios y diversos los modos en que estos cuentos ponen en evidencia una ofensiva ausencia de trabajo sobre las formas y, ni qué decir, de pensamiento alrededor de la literatura y de la escritura.

Los autores de estos cuentos parecen verdaderos turistas del mundo, recién llegados de universos por completo ajenos a la literatura, en los que los libros serían algo que se come o que se quema para entrar en calor; una primera impresión, entonces, es esta: estas personas escriben sin haber leído nunca nada que valga la pena leer. Me pregunto si se trata del viejo prejuicio que hace que algunos crean que es mejor escribir sin leer para ser más “originales”, si se trata de lecturas inadecuadas o si se trata de simple y común arrogancia.

Aunque es difícil, por la cantidad y la variedad de los cuentos, agruparlos para intentar esbozar una crítica global del libro, creo que lo justo, ya que me he puesto a la tarea de leer y criticar el libro, es hacer el intento. Ensayo entonces algún modo -espero que práctico- de reseñarlos.

La arrogancia como sustituto de la escritura: “Taxidermia”, “Freak Show”, “Juego doble”, “Screwdriver”.

Si hay algo que falta en estos cuentos -como en todos los demás- es escritura. La diferencia con los otros es, sin embargo, que intentan ocultarlo, y creen que lo logran. En el caso de “Taxidermia”, la trampa se quiere hacer por medio de la yuxtaposición torpe de fragmentos narrativos, poéticos (por la versificación lo digo), citas, cartas, paráfrasis de cuentos populares, etc. El hilo conductor: bueno, está claro, la taxidermia. En este pastiche hasta Eva Perón y Michael Jackson entran en escena para acompañar una serie aburrida, pretenciosa, horriblemente posmoderna de situaciones de corte y relleno, en la que se quiere poner en evidencia con demasiado ímpetu que se está trabajando una prosa dura, cruda, en mímesis con el terrible objeto que la ocupa. El problema es, tal vez, que la autora ha confiado demasiado en el contenido de su texto (pues se trata de un cuento terriblemente contenidista) y, tranquila y satisfecha con su hallazgo, ha dado rienda suelta a su exuberante creatividad. El resultado es un relato inconexo, carente de ritmo y ajeno a cualquier forma: un relato amorfo.

“Freak Show”, en cambio, opta por la grandilocuencia. Hay dos personajes principales: el pintor y su modelo. Entre los dos existe una disputa apasionada por la profundidad filosófica-onírica-artística que podría terminar en la muerte (suicidio, otro leitmotiv de esta antología). La modelo vive dos realidades: la prosaica y terrenal realidad que comparte con el pintor (que sin embargo algo capta y registra de la alocada vida alucinatoria de su modelo) y otra, muchísimo más interesante, que tiene lugar en un circo imaginario: ahí no hay límite para el placer ni para las visiones exóticas que, tal como vienen descritas en el cuento, crean la desagradable impresión de haberse inspirado en un disco de Fito Páez. El pintor, por su lado, es un verdadero artista: busca la verdad de la verdad y no la verdad de la mentira que es la mentira en su peor falsedad… o algo así. Como todo artista debería ser, pues, este pintor busca las zarigüeyas (¿o eran salamandras? ¿iguanas?) internas de su modelo, con el fin de terminar su gran obra. No faltan en este relato patéticas narraciones de arrebatos histéricos de la modelo suicida (que ha informado a todos de sus tendencias autodestructivas, que se ha desnudado con cuchillo en mano, que ha gritado como una verdadera desquiciada en su departamento, que ha amenazado con poner fin a la obra del pintor con su muerte, que ha hecho de todo menos suicidarse), ni faltan conversaciones de la modelo con alguna amiga alrededor de sus experiencias sexuales con Zet, uno de los personajes circenses, no faltan las disquisiciones intelectuales del pintor alrededor de lo que significa para él pintar. Y sin embargo, la escritura es pobre, anticuada, carente de cualquier búsqueda; el cuento es conformista, ni siquiera llega a tener una organicidad clásica, es una suma de alegorías pretendidamente interesantes y una serie de lugares comunes que busca algo que no sé precisar pero que, finalmente, termina en ridiculez.

“Juego doble” es el relato lento de un suicidio. La terminología médica del texto no lo salva de la mediocridad literaria, ni tampoco lo hace la anécdota contada en tono grave y solemne. Es un cuento un poco adolescente, y resalta la típica adjetivación excesiva de la literatura que tiene algo que demostrar. Al menos la brevedad le da al texto una forma compacta y lo salva de la deformidad de casi todo el resto de textos.

“Screwdriver” es un texto francamente molesto: acá la ausencia de toda literatura quiere compensarse con la ostentación de una cultura ultra-light de cine norteamericano que goza de impostada admiración entre jóvenes cinéfilos y se elige una película que sirve de base al relato y que no podría ser más previsible: “Fargo”, de los hermanos Coen. En “Screwdriver”, como en “Taxidermia”, hay de todo un poco: mafia rusa, secuestros, un romance de mall (me reservo, a este respecto, todo comentario), un cuerpo de policía extrañamente eficiente, en fin. Pero, una vez más, sorprende que se elabore un cuento con tal inconsciencia literaria: no hay nada, en verdad, escritura. Es evidente que el texto confía plenamente en su supuestamente interesante y entretenida anécdota, pero, ¿por qué elige el cuento? ¿Por qué no un registro del que se espere menos elaboración? ¿Por qué no una crónica apócrifa, por ejemplo, o un guión televisivo? La proliferación esperpéntica de situaciones ridículas y de diálogos costumbristas e impensantes irían mucho mejor en un registro distinto. La idea del “screwdriver” resulta ofensiva por su obviedad; un verdadero recurso de taller literario: efectividad, gancho, efectismo, a cerrar el cuento con una ideíta. Ni hablar de la relación con “Fargo”: esa es la conexión que encuentra el narrador para ponerse en el centro de una situación tan poco interesante como todas las películas que nombra oportunamente para ilustrar su estado de ánimo. Acá más que en ningún otro lado es abominable la concepción programática y autocomplaciente de la literatura.

Lo feo cool: “El peso interior”, “Polvo de estrella”, “Infomercial”.

La fealdad en estos tres cuentos se presenta de modos distintos entre sí. Ninguna, como es de esperar, tiene algo que ver con célebres fealdades de la historia de la literatura: ninguna comparte la sofisticación de la literatura de Sade, de Thomas de Quincy o de algunos relatos de Arlt. “El peso interior” es un relato chato, que a veces cae redondo en la tontería, que utiliza sin pudor palabras como “excelso” y “estrictez” y que se regodea en la descripción de unos granos que hacen que todo sea más feo de lo que ya es. Una mirada maravillada y un poco provinciana de un país “del primer mundo”, una serie de detalles aburridos (profesiones como comunicación social, mercadeo o relaciones internacionales, el proceso de edición del libro del profesor y “poeta del amor”, etc.) y la narración de cuestiones que no parecen interesarle ni al narrador, a juzgar por el modo en que las cuenta (la relación con su esposa, por ejemplo) hacen que este cuento  exhiba una fealdad ajena a cualquier extremo, una chatura que, harta de sí misma, muta en lo feo, sin pena ni gloria.

Con “Polvo de estrella” ocurre algo muy distinto. Es evidente que el autor de este texto ha buscado ser un provocador, un chico malo, como dirían los españoles cuya jerga él mismo trata de imitar. El relato gira alrededor de una erudición más bien corriente y, en este punto, poco provocadora: la de la pornografía. Los personajes son grandes conocedores del mundo de la pornografía y el relato se agota alrededor de un imaginario inmigrante indígena que se abre paso en Barcelona como estrella porno. Es poco lo que puede decirse de un relato como este, salvo que evidencia lo encantado que está con sus propias ocurrencias, que ostenta un prejuicio racial que quiere disfrazar de ironía sin mucho éxito, ubicándose desde la enunciación en el interior del discurso racista que predomina en el sentido común ecuatoriano (y del que el autor, por más provocador que se sienta, no escapa) y que es un cuento contrahecho y poco interesante. Cualquier potencia subversiva está desterrada de esta pornografía, y queda lo básico: un deseo incontenible por provocar del modo más fácil posible. Por supuesto, de literatura, nada.

“Infomercial” está un poco entre los dos anteriores. No busca ser feo, pero es feo, su característica principal no es la chatura, pero es muy chato, entre otras cosas. Soportar los relatos sexuales de este cuento es una misión para valientes: de nuevo, acá no aparecen Sade, Bataille o Afanasiev ni de casualidad. La simpleza general del cuento no se atenúa en las escenas sexuales sino que se incrementa y quiere erigirse en valor: algún mal asumido realismo rige la suerte de este texto, que no tiene nada de realista ni, está casi de más decirlo, de literario. Si me detuve en lo sexual es porque es ese el hilo conductor del relato, lo que finalmente lo concluye: cuando Sergio, “el indio resentido post extreme makeover” (¡joya de la nueva literatura ecuatoriana! ¡a esto aspiramos!) logra tener relaciones sexuales con la ex mujer del protagonista y, en palabras del narrador, “se le viene en la cara” (eso significa eyacular, por lo visto), ahí se termina el cuento, en una metáfora sexual que difícilmente tenga competencia en lo manida y vulgar. El acerbo cultural que se esfuerza en poner de manifiesto el narrador del cuento es otro de los puntos que llama la atención: el mundo de estos personajes está hecho de American Idol, revista Cosas, Luis Miguel, E! True Hollywood Story, The film zone, etc. ¿Crítica solapada? No hay nada que lo indique. Este cuento tiene el mismo interés estético que un auténtico infomercial (de algún modo tiene que funcionar el título) y preocupa que sean estos los textos que se estén proponiendo como lo nuevo en la literatura ecuatoriana.

La absoluta ingenuidad: “Sinfonía agridulce”

Este cuento parece ser ajeno a toda literatura. Hay frases que simplemente parecen puestas en broma: “Don Soto miraba, por la ventana de su habitación, el amanecer glorioso de un nuevo día, un nuevo día que clamaba a gritos por ser descubierto y acariciado por los colores de las almas de la ciudad.” Si no fuera por lo de “Don Soto” casi creería que el autor plagió algún himno nacional para componer esta oración. Lo que más me sorprende, creo, es que líneas así, cuentos así, puedan ser escritos a estas alturas: las editoriales son multinacionales y, por más que un país periférico como el nuestro tenga un acceso restringido a la cultura, mucho de lo más importante en literatura llega y está disponible en las librerías. El problema de la frase citada está presente en la estructura total del cuento: historias paralelas que se cruzan y recuerdan, desafortunadamente, a la estructura de la película ecuatoriana “Cuando me toque a mí”, reseñada también aquí. Este cuento da la impresión de haber sido escrito en el comienzo, en la prehistoria de la literatura, como un regreso inútil (ajeno al regreso primitivista de cierta vanguardia) a los comienzos de los comienzos, en abierto desconocimiento de todo lo que se ha escrito hasta hoy. No hay nada, en estas circunstancias, que resulte atractivo en el cuento: ni el asesinato de la niña, cargado de patético dramatismo, ni el conflicto banal del oficinista, ni la demencia del malvado Don Soto. Son conflictos demasiado importantes para una narración ajena al mundo en el que se quiere instalar.

Nada: “Ausencias”, “Verde por fuera, roja por dentro”, “Cuento”.

Literalmente: nada que agregar.

Estoy convencida de que la crítica es fundamental en el desarrollo cultural del país, y creo que la acriticidad reinante es una de las causas del estado actual de la literatura ecuatoriana. Creo que es necesario y urgente romper con viejos cánones y con nuevas mentiras. En Ecuador nacieron y escribieron Pablo Palacio, José de la Cuadra, Escudero, Gangotena, Dávila Andrade: no hay razón para la autocompasión ni mucho menos para el conformismo estético. La dureza que las palabras de este post puedan encerrar tiene su origen en esa convicción.

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36 Responses to “Lo que llamamos nuevo”


  1. 1 lemosrayo septiembre 11, 2009 en 2:38 pm

    Ya era hora de que alguien ponga los puntos sobre las ies. Desde hace algún tiempo, aquellos que se consideran escritores se han dedicado sobre todo a hacer relaciones públicas antes que a profundizar en la exploración artística. Es evidente que las prioridades para estos insignes “nuevos” representantes de las letras nacionales han ido más por inventarse antologías autocomplacientes (yo escojo a mis panas y luego mis panas me escogen a mi), aparecer en los eventos tipo “Los nuevos escritores ecuatorianos”, tomarse la foto tipica, a blanco y negro, ya sea con la mirada perdida en el horizonte o con la pose intelectual -dedo indice en el mentón; aparecer en cuanto evento literario haya en esta ciudad (para no salir de la esfera de atención)

    En fin, búsquedas glamorosas antes que artísticas, cáscaras antes que la pulpa. Esta literatura gregaria, acrítica, sedienta de reconocimiento o de abrirse espacio en el mercado, no hace otra cosa que revelar los sentidos huecos que mueven a algunas personas dentro del mundillo de las letras.

    Si esta búsqueda banal produjera al menos literatura con mayor calidad, sería por último justificable. Pero no es el caso. La valentía de un trabajo crítico como el expuesto en este blog, radica justamente en lo contrario: desbanalizar la escritura y reflexionar sobre lo formal, indagando a profundidad si existe alguna veta estética que tenga validez. En mi opinión, esta antologia es una muestra, sin embargo, de un momento de pobreza en la producción literaria en el Ecuador. Momento para olvidar, sin lugar a dudas o referente para comprender aquello que no puede seguir haciéndose.

    Felicitaciones a la autora.

  2. 2 australismusic septiembre 11, 2009 en 7:46 pm

    Como todo en este confundido planeta nuestro, la evaluación de literatura ajena hecha no por un escritor sino por un lector solo puede resultar relativa.
    Uno puede ser superlativamente culto, uno puede ser el más ávido lector con una inmensa galería de libros digeridos, uno puede poseer un muy balanceado sentido común y adquirir con el paso del tiempo el respeto de otros hacia nuestras opiniones; pero nada de eso convierte a alguien en critico literario.
    La razón es simple: la autoridad para criticar literatura (y lo mismo se aplica al cine, a la música y todas las otras formas de arte) no viene de leer mucho (o de mirar mucho cine, o de escuchar mucha música, o de ir a muchas galerías), sino de haberse calzado aquellos zapatos y haber caminado por aquel camino. La autoridad para criticar literatura viene de hacer literatura.
    Los gustos personales, las preferencias adquiridas a lo largo de la vida solo son eso: gustos y preferencias personales. No son un certificado oficial de autoridad para dictar al mundo qué es bueno y qué no lo es.
    Solo quien ha pasado por la experiencia de crear, de convocar ideas nuevas a inmencionables horas de la noche, de exorcizar por medio de palabras demonios que ha llevado dentro desde infancias olvidadas; se ha ganado el derecho de criticar otros trabajos literarios.
    Quien no ha pagado ese precio, solo puede emitir sus gustos o disgustos personales. Y no hace falta repetir que los gustos son tan personales como las huellas digitales.
    Así, ¿cómo tomar como crítica literaria lo que dice alguien que jamás ha producido literatura? Se puede tomar lo escrito como sus gustos personales, algo que todos los seres humanos estamos autorizados a expresar con plena libertad (lo acepten o no los gobiernos). ¿Pero como crítica literaria? Simplemente no se puede.
    Tomemos como un ejemplo el mundo de la culinaria. Gracias al sentido del gusto, todos los seres humanos adquirimos gustos personales acerca de sabores y aromas. Pero eso no nos convierte en críticos culinarios. Fuera de diferenciar sabores agradables de sabores desagradables, ¿acaso puede el comensal promedio identificar las texturas, los orígenes y los procesos que tuvieron que llevarse a cabo para producir el sabor que está experimentando? Obviamente, el comensal puede emitir su opinión personal acerca del plato degustado, pero ¿cómo podría aquella opinión ser considerada como una crítica seria cuando no tiene la menor idea de lo que aquel plato ha demandado; y peor aun, cuando en la mesa siguiente otro comensal desarrolla opiniones completamente distintas acerca del mismo plato?
    Sucede lo mismo con todas las formas de arte, y con todos sus auto-titulados “críticos”. Si el que está emitiendo la crítica no es a su vez un artista en aquella misma disciplina artística, sus opiniones son solo opiniones y tienen la misma validez de una charla intrascendente escuchada al azar en alguna sala de espera.
    Otro detalle relevante está en el anonimato. La autora concluye su artículo diciendo “Estoy convencida de que la crítica es fundamental en el desarrollo cultural del país,” y sin embargo no se atreve a identificar las opiniones y gustos personales que ha expresado como suyas al esconder su identidad, no solo en el artículo, sino en todo su blog.
    Sí, la crítica es fundamental para el desarrollo cultural, pero lo que hemos leído no es una crítica. Son solo opiniones personales de alguien que ha preferido permanecer impersonal. Para calificar como crítica, no solo su autor debe haberse ganado la autoridad necesaria como se explicó líneas arriba; sino que además la crítica tiene que ser valiente y honesta, atributos a los que solo se puede aspirar cuando el autor se atreve a colocar su nombre real junto a sus propias palabras.
    Esa actitud típica de “arrojar la piedra y esconder la mano” que tanto se ha generalizado en la internet, es la que ha saturado al género humano de información irrelevante, información ociosa e incluso información malintencionada en estos últimos años.
    Ignoro si este comentario deberá pasar por el filtro del autor del blog antes de ser publicado; aunque no sería sorpresa que así sea en vista de la evidencia. Sin embargo, aun si fuera así y el autor del blog rechaza este comentario de tal manera que nunca vea la luz, el comentario no habrá sido en vano: siempre quedará la certeza absoluta que el autor del blog lo ha leído.
    Quizás con el tiempo, estos conceptos ejerzan alguna influencia, por mínima que sea, y así quizás un día podamos leer artículos serios, honestos y valientes.

    • 3 Daniela Alcívar Bellolio septiembre 11, 2009 en 8:54 pm

      Australismusic,

      te agradezco mucho tu comentario, sobre todo porque me hiciste caer en la cuenta de que por alguna razón este wordpress que tan poco entiendo ha quitado del costado de la página mi foto y mi nombre completo. No creas que invento: puedes fijarte en todos los comentarios de este blog que he respondido desde hace meses para comprobar que si mi nombre no aparece en la página es por un error técnico y no por un deseo de anonimato. Antes de contestarte he intentado infructuosamente restablecer mi identidad semi-oculta porque, aunque no lo creas, esto que yo hago, guste o no, es un trabajo, y me gusta firmar el trabajo que hago.
      Aclarado este equívoco (que, debo decirlo, con una rápida revisión del blog hubieras podido evitar, aunque mi inoperancia técnica es la verdadera culpable), me queda únicamente decir que lo tuyo es un estupendo disparate. Para empezar: si dices que la opinión de un lector sobre un texto ajeno es relativa, ¿estás diciendo que la de un escritor es absoluta? ¿Significa entonces que si viene Dante a opinar sobre Borges no habrá nadie en el mundo que pueda contradecirlo, que será como si hubiera bajado el mismísimo Dios de los cielos? Me queda la duda. Dices que las lecturas ávidas y los años de estudio pueden formar una opinión respetable, pero jamás una “verdadera” crítica literaria, que eso está reservado para los escritores, para “quien ha pasado por la experiencia de crear, de convocar ideas nuevas a inmencionables horas de la noche, de exorcizar por medio de palabras demonios que ha llevado dentro desde infancias olvidadas; se ha ganado el derecho de criticar otros trabajos literarios.” Mmm, ¿de dónde sacaste eso? Y sobre todo, ¿de dónde salió tu autoridad para designar quién es o no es crítico literario? ¿De dónde vino, quiero saber, la peregrina idea de que por publicar un cuento o un poema estás más autorizado a hacer crítica que si no lo has hecho? Por último, ¿cómo sabes que yo no escribo literatura? Por ahí -quién sabe- yo también he “exorcizado demonios” y he sacado de mi más profunda interioridad palabras a “inmencionables horas de la noche”, y tal vez simplemente tú nunca has leído lo que yo he escrito con tanto esfuerzo. Si es así, ¿mi opinión dejará para ti de ser relativa y empezará a ser absoluta? Más preguntas: ¿de dónde sacaste esa visión tan anticuada y ridícula del sufriente escritor que agoniza sobre su texto, que pinta a fuerza de escribir línea tras línea una aureola sobre su cabeza?
      Créeme, Australmusic (supongo que ese es tu nombre, ya que detestas el anonimato), que semejantes ridiculeces hubieran sido anacrónicas incluso hace dos siglos. ¿De dónde sacaste que escribir es “pagar un precio”? ¿Pero de qué estamos hablando?
      Me preocupa tu despectivo modo de llamar a los críticos (los que no son a la vez escritores, claro), “auto-denominados”. ¿Qué legitimidad sería válida para ti, entonces? ¿Tendrá que venir Zeus a laurearme antes de que yo me permita articular críticas serias, rigurosas y concienzudas sólo porque a ti se te ha ocurrido que sólo los escritores pueden ser críticos?
      No creo que cualquiera que se siente a escribir en un papel sea automáticamente escritor, por más que se esfuerce y por más que exorcize todos los demonios del infierno, no entiendo por qué el trabajo de alguien que se toma la molestia de leer detenidamente y de articular opiniones formadas y rigurosas sobre lo que lee merezca para ti el lugar de una “charla intrascendente escuchada al azar en alguna sala de espera”. Y encima lo dices con una autoridad que supongo que tiene su origen en una fina sensibilidad poética que debe estar esperando la hora de salir a la luz. Claro, como tú escribes, supongo que puedes venir y soltar todos los disparates culinarios y filorománticos que se te ocurran e irte con la cabeza en alto y jurando que has dado una maravillosa clase de moral literaria.
      Querido: tu visión de la literatura resulta, al menos, básica. Tu división entre “literatura” y “crítica literaria” es primitiva, maniqueísta e irreflexiva. Se nota que Adorno, Barthes, Benjamin y Foucault son para ti unos ilustres desconocidos, porque confío en que si conocieras algo (aunque sea un poquito) de sus obras, te morderías la lengua antes de proferir semejantes disparates. Y no porque yo me crea igual a ellos, sino porque tus juicios generalizantes acerca de los que pueden o no pueden ser críticos literarios denuncian un vacío fuerte en tu modo de mirar la literatura.
      Les di a los textos que leí y que luego critiqué una atención y un rigor que tú no has tenido para leer mi blog, y si me tomo la molestia de entregarte esta larga respuesta es porque aún creo que en el país es necesario dar cuenta de los terribles errores teóricos y conceptuales que nos tienen sumidos en una mediocridad cultural alarmante. Saludos.

      • 4 australismusic septiembre 11, 2009 en 9:37 pm

        LQQD
        Suerte, Daniela.

      • 5 sabotaje77 septiembre 12, 2009 en 1:38 pm

        bueno… yo creo que con ambas respuestas de australimusic quedó obvio el dolor en el ego que causa cuando a uno le dicen que es feo, digo, que lo que hace es feo… “que toda la inspiración que el escritor de seguro chorrea el momento de la ocurrencia de su texto por culpa de las musas” no sirve para nada…

        yo no soy escritor ni soy crítico ni he estudiado nada ni me gusta leer libros de más de tres páginas y peor sin dibujos ni tengo blog ni todas esas cosas que me harían inteligente… así que mejor no voy a opinar es nada…

        pero fresco loco, ya mismo alguien sacará un blog y dirá que escribes bonito… tú tranquilo…

  3. 6 Daniela Alcívar Bellolio septiembre 12, 2009 en 4:33 pm

    “… y peor sin dibujos…”

    🙂

  4. 7 Titus Crow septiembre 12, 2009 en 5:18 pm

    Argumentar que la crítica, como ejercicio del pensamiento, necesita una justificación para ser, y más aún tener que “pertenecer” a eso mismo que se critica es una paparruchada, aún en principio.

    En cuanto a la literatura, me parece idiotizante eso de armar un gremio de sufridores con la “calidad moral” para criticarse entre sí. Si bien el proceso creativo puede tener episodios tortuosos, es también un ejercicio de muy variadas sentimentalidades. Es más, un verdadero creativo no describe a su creación como una labor de parto, sino como una inevitabilidad basada en una posibilidad implícita en su ser. La caricatura que Australismusic J. Dumbass dibuja de un escritor creativo más bien hace pensar en la experiencia de un mediocre que pone en un pedestal a sus limitaciones, como ocultando el sesgo de pensar que porque le ha costado mucho, habrá una redención gloriosa en su producto. Tonterías.

    El punto de criticar de manera profesional, en particular criticar esa sarta de cuentos malos, no creo que haya sido con el afán de dictar lo que es bueno o malo, de manera absoluta. Es emitir un criterio con sensatez, rigor (que implica un conocimiento previo) y también con una motivación. El de Daniela imagino que es ejemplificar lo mala que es la producción dada como “novedosa” a nivel local. Que ella sea capaz de hacer algo mejor o peor, es un tu quoque absurdo que reduce todo el punto a poner una cortina de humo sobre el problema de fondo: que la gente equivocada escribe estupideces, es publicada, y no se permite que una crítica fundamentada de luces sobre un trabajo malo (después de todo Daniela no es tan exagerada, me bajé el .rar y sí hay una que otra bobaliconada que da vergüenza ajena)

    Ah, y eso de LQQD no deberías usarlo porque para demostrar un teorema o una proposición filosófica tienes que ser matemático o filósofo: Sólo quien ha pasado por la experiencia de crear, de convocar fórmulas matemáticas a indecentes e impúdicas horas de la noche, de exorcizar por medio de estructuras abstractas e hipótesis físicas a demonios que ha llevado dentro desde el principio del semestre, a pocas horas del amanecer y el exámen final de Gemetría Diferencial; se ha ganado el derecho de escribir LQQD, QED, el simpático cuadradito negro, o cualquiera de sus variantes.

    Por otro lado, lanzar mi grito de queja como representante de la asociación latinoamericana de Gente Sin Rostro, que día a día tiene que luchar con la discriminación de que digamos lo que digamos, se nos discrimina sólo por no haber nacido con un nombre tan lindo, o una cara poética en fotografía como para ponerla en público. Que conste que con nuestros seudónimos hemos hecho lo mejor que se podía con semejantes fealdades que la naturaleza nos otorgó. Pero somos buenos tipos, aseados y algunos hasta tenemos vida fuera de la red. Gracias.

  5. 8 Daniela Alcívar Bellolio septiembre 13, 2009 en 12:03 am

    Ey, Titus! Tanto tiempo, me alegra encontrarte por acá, con la acidez que se agradece! Un abrazo!

    • 9 Titus Crow septiembre 13, 2009 en 2:23 am

      ¡Pero arréglame las cursivas! Sólo era para ‘per se’. Si no, empezaré a trollearte y decirte que en tu foto, tu pose es en realidad una pose de defensa de combate y te faltan guantes 😉

  6. 10 Daniela Alcívar Bellolio septiembre 13, 2009 en 1:58 pm

    Titus! ¿No viste el problema que tuve por mi idiotez técnica? Ya estuve tratando de arreglar lo de las cursivas pero no pude, igual ahora pido ayuda a ver si se logra. ¡Piedad con el desprecio! 🙂

  7. 11 quarkschiz septiembre 13, 2009 en 10:37 pm

    Cuando secundé la metida de cizaña de un troll apodado Lou Andreas Salomé en el blog del Eduardo Varas me basaba en lo que manifiesta lemosrayo en su comentario. Ese Eduardo, como cualquier escritor adicto al charm, glamour & porn, se nos misterioriza como un engañador confeso, con nombre y apellido. En su blog de opinólogo consigue estirar el chicle de las ficciones encarnando a un personaje de literato aguado, superficial, insípido y ripioso (¡vaya engaño tan fascinante!). Tan así que hasta desde mi lectura rápida (y un poco prejuiciada) de esos cuentos, encuentré en el del Varas la misma constante anodina.

    Sin ser literato ni nada por estilo, detecto un problema en esta “narrativa feroz” que es básico: que leer esta reseña resulta más enriquecedor e interesante que la lectura de los cuentos que se critican.

  8. 12 Daniela Alcívar Bellolio septiembre 14, 2009 en 12:01 pm

    Gracias Quark, muchas, y es en serio.

  9. 13 Fernando Escobar Páez octubre 28, 2009 en 4:09 am

    Hace tiempo que no leía algo tán lástimero como eso que pone “australismusic” …

    “Solo quien ha pasado por la experiencia de crear, de convocar ideas nuevas a inmencionables horas de la noche, de exorcizar por medio de palabras demonios que ha llevado dentro desde infancias olvidadas; se ha ganado el derecho de criticar otros trabajos literarios”.

    dan ganas de llorar…pero de las iras

    en todo caso, avisoro un prometedor futuro en la gastronomía a “australismusic”…eso sí, siempre y cuando que cuando lave los platos no realize brillantes analogías como con las que enaltece la labor del escritor / cocinero…

  10. 14 guambracosmero noviembre 4, 2009 en 8:56 am

    Estee, yo creo que si Australismusic hubiera escogido ese cliché horrible de la “crítica constructiva” y todo el balde de babosadas que suelen acompañar dicho argumento, se hubiera salvado por lo menos de la mitad de las puteadas que le metieron. Amiguitos recuerden: es preferible quedarse callado y que los demás piensen que eres estúpido, antes que abrir la boca y confirmarlo.

    En serio, que bueno que uno no tiene que esperar que venga Kusturica, Spielberg, o pugta, por último Sebastián Cordero para decirle a Tania Hermida que su película es un asco. Solo falta un post lúcido y suficientemente bien escrito, como para confirmar lo que los humildes “gustos personales” de uno sufrieron al ver esa porquería en el cine.

  11. 15 HommoIo diciembre 24, 2009 en 4:56 am

    No sé que decir en realidad, tus argumentos tienen el peso tan necesario, que a fuerza, se terminan volviendo ciertos. No he leído a dichos autores (difícilmente lo llegaré hacer). Sin embargo, yo como escritor y formado en un taller de escritores, sé de sobra como muchos otros escritores en un afán de auto ego redactan cosas que se alejan de una verdadera literatura y se acercan a un elitismo pueril casi mediocre por darle un nombre más apropiado.

    No voy a cuestionar tus palabras, puedes que hayas hecho una critica virulenta, pero acertada o tal vez, solo tal vez; sea demasiado apasionada; producto de una búsqueda perfecta del arte de escribir. Me gustaría darte referencia de otros autores, (pero eso de estaré nombrando gente que ya esta muerta, no es lo mio). En fin, creo firmemente que en el Ecuador existe verdaderos escritores que aún no han sido descubierto y que son muy buenos; como yo he tenido la oportunidad de comprobar, pero lastimosamente no han tenido la oportunidad de ser tocados por la gracia de una editorial multinacional.

    Sin más que decir, seguiré leyendo tu blog mas a menudo.

    Atte.
    HommoIo
    http://breakfastonkitus.wordpress.com

  12. 16 estemayor mayo 19, 2010 en 12:30 am

    me matannn de risa, me encantaaaaaaaaa este blog.

  13. 17 novelaolvido julio 26, 2010 en 10:47 pm

    Estimada Daniela,

    Tu dices, más o menos, que la crítica es necesaria para el desarrollo cultural de un país. Es verdad, pero lo que tu haces, en este post, no es crítica. Tú escribes tus opiniones y las impones como verdad (y solo son tus opiniones), tú dices: ““Screwdriver” es un texto francamente molesto: acá la ausencia de toda literatura quiere compensarse con la ostentación de una cultura ultra-light” , no, Daniela, te parece a ti que es un texto molesto, a los demás no tiene por qué parecerles así, y tú no marcas esa diferencia, no dices, en ningún momento: “me parece que este cuento es una tontería”. Tu vuelves absoluta tu perspectiva, y eso es de fundamentalistas, como esos taurinos de los que tan apropiadamente te burlas. Deja que los lectores, por ellos mismos, decidan si es bueno o malo un texto. Te lo digo sin ánimo de ofenderte: hay un conjunto de herramientas analíticas que conoces, sin embargo no las usas para hacer tu intento de crítica. Es como si yo dijera que tu escribes tus críticas para destilar veneno y porque eres una amargada, y no diera las razones analíticas que me llevan a esa afirmación.
    La crítica es más que las opiniones de un lector o de una lectora, por cruel que esa lectora sea (por lo demás, la crueldad no es un valor analítico y, esto ya fuera del asunto literario: si uno se porta cruel, siempre va a haber alguien más cruel que uno, alguien con quien es mejor no enfrentarse…). Tu crítica no ayuda a la cultura nacional, no forma lectores, solamente dice en mal del trabajo de unos escritores que están en circulación y que pueden ser leídos y analizados por los lectores. Y no se trata de que seamos autocomplacientes, se trata de que superemos la idea de que hacer crítica es despedazar a personas que no son tan inteligentes como nosotros. Con esa actitud, solamente se logra incordiar a nos cuantos escritores, lo que es irrelevante.

    Un abrazo,

    Santiago Páez

  14. 18 Daniela Alcívar Bellolio julio 27, 2010 en 1:33 am

    Querido Santiago, muchas gracias por tus comentarios, tanto este como el del post de los toros. Es muy cierto que hay personas con las que es inútil debatir, pero de todos modos el gesto de dejar dicho de modo más o menos público lo que uno piensa sobre estos asuntos es algo necesario, sobre todo para rebatir los malos entendidos y los falsos argumentos que por ahí circulan. Gracias.
    Con respecto a lo que me dices en este comentario, me parece que tienes razón en un par de cosas pero creo que confundes otras. La naturaleza de lo crítico no depende de ningún hipotético carácter absoluto de lo emitido. Quiero decir que no es coherente que digas que lo que yo hago no es crítica porque no explicito que lo que ahí digo no son más que mis opiniones. Toda crítica es solamente una opinión que surge de una lectura, nada más. En el mejor de los casos esa opinión es formada, argumentada y competente. Por lo tanto remarcar algo que es tan obvio (dudo que algún incauto reciba mis opiniones como si fueran palabra de Dios) sería para mí un pleonasmo, una exageración o un vicio de escritura (odiaría empezar mis críticas con la consabida fórmula: “Personalmente yo pienso que…”, etc.). Por otra parte, quizás sea cierto que soy algo contundente en mis opiniones, pero eso no es necesariamente un defecto. Cuando me animo a criticar un texto es porque he pasado días leyendo, resaltando, anotando en los márgenes, consultando libros, planificando estrategias críticas. No creo en la falsa modestia ni en la demagogia estética. Yo no le impido a nadie que piense lo que piensa o que opine de un texto lo que quiera, así sea lo contrario a lo que yo pienso. Los lectores hacen y siempre han hecho lo que les da la gana, yo no soy ninguna autoridad, soy nada más que una lectora más que tiene un blog, como tantos otros. El imperativo de las palabras suaves y los reparos argumentativos para mí significan poco. La crítica no es más que una lectura argumentada; creo que según esta definición lo que yo hago no es ni más ni menos que eso, crítica literaria. Si no estás de acuerdo con las herramientas teóricas que utilizo, o si mi enfoque crítico no te satisface, eso lo podemos discutir. Pero eso es otra cosa.
    Otra cosa que me impacta un poco de tu comentario (yo no creo que me quieras ofender, tu modo de hablar es muy distinto del de las personas que me atacan por mis opiniones) es la idea (reiterativa en casi todas las personas que leen este blog) de que yo soy malvada o cruel. Hay muchos posts en este blog, y de ellos solo dos están dedicados a criticar negativamente textos literarios. Hay muchos artículos muy elogiosos de los que nadie habla y por los que muy pocos se han interesado. Creo que es muy tendencioso el asunto. Yo no creo estar formando lectores, yo misma soy una lectora en constante formación. No me creo superior a nadie ni pienso que mis opiniones son absolutas ni que mis críticas deben elevarse por sobre las opiniones comunes y corrientes. Me produce un poco de sonrojo tener que aclarar esto pero de algún modo se ha hecho necesario. Lo que sí creo es que en medio de tanto consenso autocelebratorio y acrítico, es saludable que alguien se atreva a decir que esos libros que se difunden como “lo nuevo” y “lo actual” no son ni nuevos ni actuales ni literarios. Creo haber defendido este punto de vista desde la competencia intelectual y teórica que varios años de estudio, mucha dedicación y un gusto estético formado en el que confío y al que cuestiono a la vez todo el tiempo me han dado. Mi aporte es ese. Si alguien encuentra algo valioso en el gesto de oponerse a un “mainstream” mediocre, poco arriesgado y ajeno a la búsqueda formal desde un espacio tan modesto y periférico con respecto a los grandes centros editoriales y sociales como este blog y otros espacios igualmente marginales, quizás pueda generarse poco a poco un espacio crítico menos ensombrecido por las lecturas amiguistas y los elogios programados. Mi idea de crítica no tiene nada que ver con destrozar a nadie: no conozco a ninguno de los escritores cuyos textos he criticado; ellos, en tanto personas, me resultan absolutos desconocidos. Es una de las ventajas de vivir fuera del país: no me anima ningún resentimiento ni ningún desprecio personal; lo que yo critico nace y muere en el ámbito de la literatura, y por eso es injusto que confundas lo que yo hago con destrozar a personas “menos inteligentes”.
    Gracias por tu interés y un abrazo grande. Espero que sigas por acá siempre.
    Daniela.

  15. 19 novelaolvido julio 27, 2010 en 11:28 pm

    Disculpa que esté tan comunicativo, estimada Daniela, pero estoy de vacaciones porque terminé una novela, y me estoy divirtiendo con la computadora. Verás, puedo suscribir la mayor parte de lo que dices, pero haciendo unas distinciones:
    1.- Lo del mainstream mediocre… yo sé que existe, pero lo peor que uno puede hacer es producir teniéndolo en mente, dejando que sea, aún de lejos, un punto para triangular la posición propia. Con los mediocres a nada, ni pensar en ellos, PEOR ESCRIBIR SOBRE ELLOS, PEOR DEJAR QUE TE DEFINAN por, como dices “el gesto de oponerse” a ese mainstream. Yo empecé a escribir desde fuera del mundo de los literatos, era antropólogo y no los conocía ni los había leído… Desde cuando empecé han pasado 18 años, y he escrito 18 libros que han tenido, lo sé, poca promoción. No voy a presentaciones de libros ni a cocteles de escritores -menos acepto sus invitaciones a ferias de libros y otros saraos-, tengo entre ellos unos pocos amigos: El Galo Mora, por ej. es mi amigo desde que éramos muchachos y, mientras estuvo como Ministro de Cultura, no lo llamé ni una vez, ni para tomar una cerveza. Siempre me he arreglado para publicar sin pedir favores al los que están en instituciones públicas, ni pertenecer a grupos. En otras palabras, puedes crear en Ecuador sin ser parte de ese mainstream, sin acordarte de que existe.

    2.- La crueldad. La crueldad es un componente imprescindible de la buena literatura, sin crueldad se escriben solamente memeces. Eso que dices, y te cito “Una literatura exenta de crueldad -de esta crueldad- quizás, no merece ser leída. La escritura que reniega de su criminalidad, que evade la espesura de lo real y se hace banal a fuerza de ocultar una simpleza, no puede hacer frente a lo que pugna por salir hacia ese afuera que es siempre la realidad.” Pero no creo que la crítica deba ser cruel. Tú dices que no eres cruel pero dime: ¿En verdad no sabes el daño que le hacen tus palabras a los escritores que criticas? Para que te hagas una idea, te remito a un comentario que le han puesto al último post del blog de Solange Rodríguez (es de Juan Secaira y se refiere a tu blog). Con tus opiniones dañas a esas personas, si a ti no te afecta hacerlo, bueno, es tu asunto. Yo no creo que la literatura importe tanto como para dañar a unas personas que en unos casos escriben y, en otros, creen que escriben… Si no te gusta lo que escriben, si no te parece estéticamente valioso, ¿por qué pensar y escribir sobre unos idiotas?

    Un abrazo,

    Santiago Páez

  16. 20 quarkschiz julio 28, 2010 en 10:11 am

    Años de experiencia leyendo la literatura conversacional 2.0 me ha enseñado que la insistencia en poner de relieve esa perogrullada de que una opinión es un juicio subjetivo y no la palabra de Dios, es típica de gente a la que simplemente no le gustó una opinión (por el contenido de ésta, cuya discusión usualmente se evade con esa vieja falacia del estilo sobre la sustancia).

    Otro detalle curioso del último comentario de Santiago es aquel párrafo en el que nos remite, a modo de evidencia del daño que se les ha causado a estos pobrecitos escritores, víctimas de la despiadada crítica de Daniela Alcívar, un comentario de un tal Juan Secaira vertido en el blog de otro tal Solange Rodríguez. Ese comentario, que me molesté en leerlo, es extremadamente apropiado para el debate sobre ese cansino juego de amiguismos y enemiguismos.

    Porque es fascinante que este Juán Secaira se moleste por las críticas negativas de Alcívar (contra las que alega excusas piadosas), pero que sin embargo tenga un blog en el que le ponga un enlace a la bitácora de una bloguera llamada LOLA CIENFUEGOS (así con mayúsculas, porque de esa forma escribe ese esperpento), quien en realidad es una suerte de troll enquistado en la ecuaburrósfera y que además goza de una popularidad inexplicable (bueno, en realidad, a estas alturas del partido, ya pocas cosas me sorprenden).

    Bueno, pues el estilo de crítica de esa LOLA es algo como esto de aquí. Y sin embargo, ese Juán Secaira (a quien este Santiago ha citado como una supuesta autoridad en el tema de cómo reconocer una crítica hecha con prejuicio y mala leche), tal como se puede leer en los comentarios que puso en el blog de LOLA, le concede a esa tipilla unos elogios que encuentro inconcebibles (“increíble tu blog, lo he revisado sin cansarme, buenísimo lo de diego arcos, y chévere tu forma de expresarte, así, de frente y muy entretenida”). Si este Secaira fuese en realidad una suerte de mártir atormentado por la mala leche de la crítica literaria que plaga este cruelísimo mundo, ¿por qué entonces haría lo que él mismo crítica, es decir, “encumbrar a quien eso hace”?

    Diría que es porque Secaira debe ser, bueno, amiguito de esa golfa vulgar. Y me atrevería a decir que capaz (qué digo capaz, segurazo) que es amigo de uno que otro de los escritores cuyas obras se han criticado aquí. Es más, diría, casi sin temor a equivocarme, que este Santiago también es panela o simpatizante de alguno de los involucrados en esta “Narrativa actual del Ecuador”. Diría que a lo mejor es ese espíritu de cuerpo la verdadera motivación de sus, valga la redundancia, críticas a la crítica.

    Ejemplos sobran. Pero nos hacen una idea de que estos apuntes sobre la frivolidad y el ñañerismo que son tan comunes en estos círculos (cosa que mencionaban también lemosrayo, Titus, Lou Andreas Salomé y demás) son más que atinados.

  17. 21 novelaolvido julio 28, 2010 en 4:22 pm

    Estimada Daniela,
    Desde que supe de tu blog me di cuenta de que eras mi ex alumna, tanto por tu nombre como por la referencia a Ourovouros y hasta por tu foto (aunque te cubres la cara en ella, no sé por qué considerando que eres, como decimos en Quito, alajita).
    Verás, me gustaría seguir en contacto contigo porque tu tema de la literatura postautónoma me interesa; te cuento el motivo: hice un doctorado entre el año 2005 y el 2008, resulta que mi doctorado en Madrid lo había hecho en 1989 y necesitaba actualizarme para seguir dando clases. El nuevo doctorado lo hice en la U. Andina, fue en Estudios Culturales Latinoamericanos, con Walter Migniolo, y estoy trabajando en el tema que los autores poscoloniales llaman posliteratura, que se parece mucho a lo de lo postautónomo… En fin, me gustaría enviarte un ensayo que escribí sobre un escritor afroecuatoriano, J. Montaño…
    El problema, Daniela, es que no me percaté de que esto de los blogs es como lo de los reality shows, un lugar donde la gente se muestra, se insulta, en fin… No me interesa eso, a insolentes como el que se esconde en el seudónimo de Quarkshiz me gustaría encontrarlos en el mundo real para ver si allí son tan valientes como en el mundo virtual… ¡Que quieres, soy de la época en la que si se molestaba a alguien se podía recibir como respuesta algo más desagradable que un post!
    A mi me gustaría seguir en contacto contigo, (el intercambio de correspondencia entre escritores es anterior al internet) puedes escribirme a mi correo electrónico: spaez@puce.edu.ec, así puedo enviarte mi ensayo sobre postliteratura y ver qué te parece.
    Un abrazo,
    Santiago Páez

  18. 22 Daniela Alcívar Bellolio julio 28, 2010 en 6:02 pm

    Quark, alguna vez me topé por ahí con esa dichosa Lola pero no duré ni dos minutos. Es una burrada tras otra. Y lo que dices de lo incomprensible de su popularidad es una verdad absoluta. Lo de este señor Secaira prefiero ni verlo. No me interesa. Si está enojado conmigo que me lo haga saber a mí directamente y listo. Dudo que lo haga. Solo como dato te cuento que esta persona no solo es amiga de los de la antología, sino que es el autor del primer cuento de la colección. Ahí está la contradicción que ponías de relieve con respecto a su gusto por el blog de la tal Lola: que ella no le ha criticado nada y yo sí. Entonces yo soy una malnacida y ella no. Así de fácil es. Un beso.

  19. 23 Titus Crow julio 29, 2010 en 8:08 am

    “Y lo que dices de lo incomprensible de su popularidad es una verdad absoluta”

    Yo no lo veo tan incomprensible. Se reduce a esa manía de los hombres de querer quedar siempre bien con las mujeres. Es algo bien basal, de hecho.

    Te propongo un ejercicio: trata de opinar con un nick de hombre sobre estos mismos asuntos. Pasarás de ser una ‘cruel alajita’ a una cobarde cretina, de plano.

  20. 24 Daniela Alcívar Bellolio julio 29, 2010 en 1:48 pm

    Sí, pensándolo bien no es tan incomprensible, al menos no es tan sorprendente. Sin embargo, no creo que tenga que ver con que sea mujer u hombre, en realidad. Creo que tiene ver con que es más fácil identificarse con o disfrutar de una serie de idioteces dichas con impostado desparpajo y humor de cuarta que con algún texto que, para colmo, critica lo que has hecho o lo que alguno de tus amigos ha hecho. Y no creo que tenga que ver con el género porque no me ha hecho falta ponerme un nick de hombre para que me propinen insultos como el que dices (quizás no exactamente el mismo, pero sí otros, tal vez peores). En fin, lo más gracioso de los seguidores de esa chica es que se la toman más en serio que ella misma, lo cual le suma al menos un punto a ella y a ellos los hace un poco más patéticos. Un beso Titus.

  21. 25 Alina Lepioshkin julio 11, 2012 en 12:01 am

    Hola Daniela, podrías enviarme, por favor, la antología a mi mail
    alinalepioshkinliteratura@hotmail.com
    pues no me la puedo descargar.
    Te agradecería, a ver si después incluso comento algo.
    Saludos

  22. 26 Alina Lepioshkin julio 11, 2012 en 6:50 am

    Hola Daniela, sí pude descargar la antología a fin de cuentas. Leí 5 cuentos (Secaira, Varas, Cáceres, Andrade y Carpio). O bueno, cuatro y medio, porque uno no lo terminé.
    Yo sé que lo último escrito aquí es de hace 2 años; pero no importa, siempre el mal gusto tiene vigencia. Obviamente, lo que yo escribo no es crítica, en el sentido de rigor analítico, sólo son comentarios de lectora (aunque, dado que no he sufrido en noches interminables, sé que no estoy autorizada). Espero que las tonterías que escribiré estén a la altura de los textos a los que se dirigen.

    Bueno, sólo voy a comentar 2, el de Secaira y Cáceres, que me parece guardan la similitud de la paraliteratura (aunque en el caso de Cáceres, una no puede dejar de preguntarse si lo que lee no es una broma).

    Lee nuevamente, por favor, las frases que más me horrorizaron en el texto de Secaria:

    “Escribe como argentina”, añadió, con un dejo de picardía. Su
    comentario me impresionó. Enseguida pensé en la versatilidad de los
    autores gauchos y me dio ganas de leer algún texto de la mencionada
    alumna.”

    “Ya no era el tímido y apartado profesor de
    métrica, sino el creador, el poeta del amor, como le decían todos,”

    “-Sigue, Andrea, estás en tu casa.
    -Gracias, profesor -dijo la joven.
    -¿En qué puedo ayudarte?
    -No contestaba su teléfono, por eso he venido a verle. El doctor
    Iturralde está internado en el hospital y necesita verlo.” (ella es argentina, ojo).

    “En la época en la cual dictaba clases en Quito, Iturralde, excelso
    poeta y ensayista, se destacaba por la estrictez en la enseñanza.”

    El diálogo, por ejemplo, me recordó a El Chavo, cuando los personajes juegan a actuar, y dicen oraciones increíbles con acentuado patetismo y se burlan en el juego. Sin embargo, aquí Secaira parece hacerlo en serio.
    Los demás fragmentos son, sencillamente, imposibles. Algunos ni siquiera se sostienen en oraciones medianamente bien armadas: “me dio ganas de leer”… y remata con “la mencionada alumna”, jajajajajajajajaja, no es para menos.

    Ni siquiera se debería hablar de los contenidos, de las eruditas citas de Arlt o lo que tu llamas “provinciana” impresión sobre el primer mundo y demás. Es, sencillamente, una vergüenza. En la forma, además de las frases grandilocuentes, la narración es en verdad torpe y saltada. Coincido en la sensación de pastiche de los párrafos. Quizá Secaira cree hacer un ejercicio psicoanalítico y escribe todo lo que le viene a la mente y luego no lo corrige o por lo menos le da una mínima conexión.
    Volviendo al Eco de lo kitsch de nuestra discusión, la mayoría de párrafos no hacen más que “crear” efectismos ridículos.

    El de Cáceres no lo hubiese leído (no terminé el cuento, lo confieso) de no ser por la cita que haces de su texto. Me parecía mentira al leerlo y quise verlo por mí misma. Yo quisiera incluir otras:

    Del otro lado de la ciudad, el joven Santiago, egresado de la facultad
    de comunicación social, se alista para su primer día de trabajo, su padre
    movió algunas palancas dentro de un banco, propiedad de un amigo
    suyo, para que su primogénito entrara con pie derecho al mundo
    laboral.

    Hace mucho dejó de hacerlo, desde aquel fatal accidente que le cercenó las piernas, atándolo para siempre a una silla de ruedas y a vivir en sus tinieblas. Con cada amanecer moría, con cada amanecer recordaba lo feliz que fue en el pasado, y le recordaba también su infeliz presente. Los reproches eran su compañía más llevadera mientras admiraba la felicidad de los niños jugando frente a su ventana.

    Eran dos semanas las transcurridas desde su primer día de trabajo, al
    pequeño Santiago se podía decir que le estaba yendo bien,
    aparentemente, hasta el momento su jefe no le había puteado, era una
    clara muestra de lo bien que le estaba yendo. Con Francisca, la
    secretaria, las cosas se encontraban serenas, habían entablado una
    relación amistosa, plagada de cordialidad. De seguir así, pronto estará en mi cama, pensaba. Ella le contaba lo bien que iba en sus estudios, había
    empezado a estudiar leyes a distancia, el horario de trabajo no le dejaba
    el suficiente tiempo como para darse el lujo de asistir a clases
    presenciales, además tenía la aspiración de algún día llegar a conformar
    parte del cuerpo de abogados del banco.

    Esto no es siquiera criticable. A más de enseñarle algo de sintaxis, alguien debería darle un libro a este chico, decirle, mira, es bueno escribir libros, pero antes quizá deberías de leer uno. Concuerdo plenamente, no creo que un lector – uno malo, uno pésimo incluso – pueda pensar en que esas frases son posibles en literatura. He leído cosas así en lo que se publica en los núcleos provinciales de la Casa de la Cultura, y que por suerte no superan los límites penosos de su barrio, pero que eso se publique en México es inadmisible. Como decía Agustín Cueva de “La Emancipada” – que es un orgullo lojano, por cierto – de una edición hecha en el extranjero: “un mínimo de decoro nacional habría aconsejado no publicar”.

    Yo no soy ecuatoriana, pero paso en Quito largas temporadas y por ello, lo soy, de alguna manera; y me da vergüenza propia y ajena que en México (lo bueno es que nadie creo que lea esa revista) puedan leer una antología (se supone que estaría lo mejor de los autores) de esa calaña. Por favor, no en México.
    Leí en las memorias de Adoum, que en su primer encuentro con Octavio Paz, éste le había confesado que el único libro que había leído de un ecuatoriano era “Microgramas” de Carrera Andrade, y había quedado gratamente impresionado. Imagínate si lo único que leía era el cuento de Secaira (el de Cáceres habría sido preferible, en verdad, porque hubiese pensado que se trataba de una tomadura de pelo).
    No me avergüenza que los autores sean compatriotas, lo malo es que imagino que nosotros (algún ecuatoriano “entendido”) hicimos la selección y se la enviamos. No es un ataque que pretende resarcir nacionalismos ofendidos, sino decir que Quito, al menos, no tiene nada de provinciano para que esas sean nuestras muestras de literatura.

    Te digo que el cuento de Varas a mí no me disgustó (aunque alguien debería enseñarle el buen uso de los pronombres). El de Andrade sí es una muestra fiel de lo que nos tiene acostumbrados.

    Saludos y disculpa, no sólo porque a estas alturas (lo tuyo ha sido escrito hace 3 años) suena ridículo decir algo acerca de ello, y sobre todo, si no he agregado nada a lo que tú ya has dicho. Quizá sólo quería manifestar mi más profunda indignación en el caso de Secaira y mi burla más altisonante a lo de Cáceres. Probablemente, al igual que su personaje, él conste en antologías por las “palancas” y el antologador sea su papá.

    Para terminar, creo que dada la temática, lo dicho y el lugar elegido para el nombre, el mal parado australo music, o como sea, puede ser Secaira.

    Alina L.

  23. 27 Daniela Alcívar Bellolio julio 11, 2012 en 1:03 pm

    Hola Alina,
    sí, han pasado años desde que publiqué esto, y adhiero a todo lo que dices. Sólo para comentar una inquietud que me parece que tienes, sobre quién hizo esta antología: son ellos mismos los que hacen las antologías. Ellos escriben, luego se juntan y finalmente se antologan. Como claramente para ellos la literatura no es cuestión de escribir, sino de lobby y farándula (y en eso son tremendamente eficientes), pues así es que terminan publicados en México y en donde les de la gana. Tampoco digo que esté mal, es como funcionan las cosas hoy en día (y vaya a saber si siempre fue así).
    Sobre que Secaira sea Australismusic, no sé, puede ser, yo tenía mis fichas puestas en el otro justamente, Cáceres. Pero nunca lo sabremos: el sufrido escritor que parió sus líneas a inimaginables horas de la noche prefirió, calculo que en un acto de infinita humildad, permanecer en el anonimato.
    Besos!

  24. 28 Alina Lepioshkin julio 11, 2012 en 9:04 pm

    Me has hecho reír y a la vez entrar en asombro. No te puedo creer que ellos mismos hagan la antología, lo peor es que justo se han juntado los giles pues, no le atinan a uno, jaja, no puede ser, Y cómo sabes estas cosas? Ahora entiendo mejor los mensajes de las otras personas.
    Pero yo supongo que alguien, a su vez, fuera del círculo, es decir un no “escritor” les sirve de contacto. Bueno, yo no sé.
    No sé si sea Cáceres, porque lo que escribe australimusic es una tontería, pero está mucho mejor redactado e hilvana mejor las ideas que en su “cuento”.

    Bueno, ha sido un gusto nuevamente y ya estaremos conversando. Quería preguntarte si tú has escrito algo y te has exorcizado en alguna de esas horas terribles en las que los desautorizados duermen?

    Muchos saludos
    Alina

    • 29 Daniela Alcívar Bellolio julio 11, 2012 en 9:25 pm

      En efecto Alina, ellos son son sus propios antologadores. Funciona más o menos así: alguno o varios de ellos son excelentes relacionadores públicos (acá los mejores deben ser Varas y Andrade), entonces durante años se han dado a la tarea de difundir sus escritores entre colegas escritores, críticos más o menos complacientes, editores, etc. Han hecho de la posibilidad de publicar con alguna multinacional editorial (dos de los autores, justamente los que me parece que son los más eficientes en términos de lobby, ya publicaron sus primeras novelas con Alfaguara) una meta irrenunciable, y con tal tesón y desvelo trabajaron y trabajan por su ideal, que bueno, terminan teniendo muchos amigos en muchas latitudes. Es todo un trabajo, y la verdad que, si bien no es un trabajo que admire, sí me sorprende e incluso me deja perpleja, porque por más que trato de imaginar que vuelvo a nacer siendo otra persona, aun así me siento incapaz de comportarme con respecto a la literatura como se comporta un licenciado en marketing con respecto a cualquier otro producto. En fin, resumiendo: entonces se hacen amigos de medio mundo que esté dispuesto a decir que sus obras son lo más nuevo de lo nuevo, etc., y van ampliando sus círculos de este modo hasta que por ahí sale un pana en México, en Perú o en donde sea, que se le ocurre que es buena idea hacer una antología de una literatura tan “periférica” como la ecuatoriana. Lo primero que hace es contactar a su amigo, el que tan bien le habló de su propio proyecto literario, etc. Este amigo convoca al resto de sus amigos con los que se junta a autoproclamarse la vanguardia literaria ecuatoriana, y así terminan antologados, o van a festivales internacionales, o hacen el plato fuerte de las ferias de libros nacionales. Insisto en que no me parece mal: quejarme por esto equivaldría a decir que yo quisiera ocupar el lugar que ellos ocupan, y la verdad es que no es así en lo absoluto, sino todo lo contrario, me gusta pensar que en alguna medida puedo permanecer ajena a estas frivolidades.
      Para responder a tu otra pregunta, te cuento que me dedico casi exclusivamente a la crítica, tanto esta de tipo ensayístico que publico en mi blog, como académica y “especializada” que publico en revistas “científicas”; narrativa escribo de vez en cuando, sin programa alguno y por pura necesidad, cuando algo se condensa y sale. Por eso nunca he publicado nada (cuando estaba saliendo de mi adolescencia cometí la imprudencia de publicar unos cuentos por ahí, por suerte hoy perdidos en el mundo, y espero que irrecuperables). El año que viene saldrá una antología bilingüe en Francia en la que estará un cuento mío, pero eso es todo.
      Un beso, y ya seguimos charlando.

  25. 30 Alina Lepioshkin julio 15, 2012 en 5:03 am

    Hola Daniela.
    Pues felicidades y que tu cuento tenga suerte y acogida. Espero poder leerlo, pero ya vez, todo dependerá de si tengamos en Ecuador acceso o no.
    Quería hacerte una pregunta. Supongo que no escogiste a Perú como destino de las antologías de las que hemos hablado por casualidad. También se publicó una colección de autores ecuatorianos y peruanos, con auspicio de la Embajada de Perú en Ecuador. Algunos autores se repiten, e incluso uno de ellos con el mismo cuento – del que ya hemos hablado -. Quería saber si habías leído los cuentos de este libro y qué piensas, de haberlo hecho, y si no, si has leído algo de Hans Behr y Bolívar Lucio.
    Muchos saludos y seguiremos en contacto

    Alina

    • 31 Daniela Alcívar Bellolio agosto 15, 2012 en 4:17 pm

      Hola Alina,
      disculpa la tardanza en responder. No me notificó wordpress de tu mensaje, o a mí se me traspapeló. No leo aún esa antología. Ahora que estoy por ir a Quito pretendo comprarme todo lo que me falta. Tampoco leí nada ni de Han Behr ni de Bolívar. Trataré de remediar eso y te cuento. Un beso!

  26. 32 juliantropo agosto 15, 2012 en 8:57 am

    Hola Daniela, estuve rastreando la revista Ourovouros, de la cual salieron 2 números me parece. Alguna vez la encontré en la página ISSUU (o alguna parecida donde se suben escaneos de revistas), pero no la pude bajar y ahora no la encuentro por ningún lugar. Recuerdo que aquella vez figurabas tú o el Javier Cevallos como quien había subido la revista, por eso te pido por favor que si tienes el link o el archivo con la revista lo compartas conmigo. Me encanta tu blog, y leyéndolo me interesé mucho por seguirle la pista a lo que escriben otros autores ecuatorianos que no están en el circuito de las grandes editoriales ni se andan autoelogiando entre ellos. En fin, ojalá puedas darme una pista sobre la revista. Un Abrazo.

    Julián

    • 33 juliantropo agosto 15, 2012 en 8:59 am

      Se me olvidaba, puedes enviarme la información a julian.martinez.r@gmail.com

      • 34 Daniela Alcívar Bellolio agosto 15, 2012 en 4:27 pm

        Hola Julián.
        No sabes con cuánta emoción un poco nostálgica, lo acepto, recibo tu mensaje. Ourovourus significa mucho para varias personas, entre ellas yo. Escribí un mínimo post cuando la revista fue subida (por Nicolás Jara) a ISSUU, te dejo el link: https://eldesprecio.wordpress.com/2008/09/09/nueva-version-de-ourovourus/
        El link para acceder a la revista está en la barra de links de este blog, al costado derecho.
        Llegamos a sacar cuatro números de la revista: dos formato normal y dos números especiales dedicados a Carrera Andrade y a José de la Cuadra. En realidad dudo mucho que la revista eche luz sobre las inquietudes que me cuentas que tienes sobre nuevos escritores no tan apegados al “mainstream”. Es un proyecto de hace más de diez años que, sobre todo, para mí, encierra más un gesto que contenidos sorprendentes. De todos modos, hay al menos dos joyitas en el número subido a ISSUU: la editorial (especie de manifiesto, hermoso y combativo) y un ensayo de nuestro querido amigo Andrés Castro.
        Desgraciadamente sólo se llegó a subir el primer número, ojalá podamos subir el segundo también. Muchas gracias por tus comentarios sobre mi blog, y espero que en el recorrido por Ourovourus llegues a encontrar los destellos de toda la alegría y la vida que nos inyectó a nosotros en su momento. Un abrazo!

        • 35 juliantropo agosto 17, 2012 en 5:51 pm

          Muchas Gracias Daniela..!! Si hubiera puesto un poco más de atención al blog hubiera tardado menos en hallar la revista. Cambiando un poco el tema, anoche mientras leía tu respuesta se me ocurrió una idea que a mí me resultó muy interesante. No se si has leído o estás al tanto de lo que escribe Hernán Casciari y de su proyecto, la revista Orsai. El proyecto se trata de hacer una revista de literatura en la que no exista un intermediario (editoriales, librerías, etc., básicamente, las instancias que lucran con la comercialización de las obras) entre autores y lectores. Los lectores se suscriben a la revista (hacen un pago anual para gastos de edición, impresión y pagar a los autores), y cada dos meses les llega la revista a donde hayan acordado. Hasta ahora ningún autor ecuatoriano ha escrito en esta revista, y creo (esta es una opinión muy personal sobre lo que escribes) que si hay alguien que tiene algo que decir sobre literatura ecuatoriana eres tú. Tus críticas, en forma y contenido, son excelentes, y además la crítica literaria es algo que aún no ha aparecido en esa revista (incluso una crítica a la revista misma). Sonará raro todo esto, pero es algo que pensé podría funcionar. Hace un tiempo cruzamos un par de mails con Casciari, y si estás de acuerdo le podría recomendar tu blog. El resto de la historia lo arreglarían entre ustedes. Ojalá te guste la idea tanto como a mí. Preferiría un millón de veces leer algo tuyo en Orsai (que es un proyecto literario que me gusta muchísimo), antes que autores de la “nueva literatura ecuatoriana”. En fin, espero haber despertado un interés, mínimo aunque sea por esta rara idea. Aquí puedes revisar las anteriores ediciones y otros detalles sobre la revista y el blog: http://editorialorsai.com/

          Un Abrazo

          Julián.

  27. 36 Alina Lepioshkin agosto 23, 2012 en 10:11 pm

    Hola Daniela. Algunas semanas sin visitarte. Lo hago esta vez para hacerte una consulta. Yo trabajo con 3 autores diferentes corrigiendo textos, dando opiniones sobre sus escritos, algún consejo también, etc. La cuestión es que busco un lector o lectora que no cobre mucho, no por desmerecer el trabajo, sino porque esto, en definitiva, no resulta negocio – al menos no por el momento, sobre todo en literatura -. No sé si me puedas recomendar a alguien en Quito. No paso mucho tiempo ahí, pero ahora se puede coordinar todo por internet, sin problema. Yo misma lo hago de esta manera.
    Sólo sería trabajo de lectura – pero tiene que comprobarse que se ha hecho, pues ya he sido estafada alguna vez por presuntos lectores – Quisiera contar con opiniones serias de trabajo, diferentes de las mías, pues las obras con las que trabajo han contado con opiniones en editoriales demasiado opuestas, como para tener un norte claro.
    Muchos saludos y esperamos novedades en tu blog.

    Alina


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